Missatge de benvinguda

Sigueu benvinguts al bloc de la Casa Gran del Catalanisme de la Ciutat de Barcelona. Aquest espai està pensat per a contribuir a la reflexió i al debat sobre l'abast i el futur del catalanisme al segle XXI, convidant a tothom a cercar el màxim consens social i nacional que faci possible l'avenç del país en tots els ordres.

L'àmbit territorial d'aquest bloc se circumscriu a la ciutat de Barcelona, però tota aportació constructiva, vingui d'on vingui, serà ben rebuda.

dimarts, 6 de juliol del 2010

“El espejo roto”

“A la espera de conocer la sentencia completa del Tribunal Constitucional sobre, o mejor dicho, contra el Estatut, a estas alturas sabemos ya algunas cosas: se altera la voluntad popular de los catalanes expresada en las urnas mediante un referéndum, los dirigentes del PP se alegran y proclaman su triunfo, y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, el Partido Socialista y la cabeza de lista por el PSC Carme Chacón manifiestan que la sentencia les parece bien y que se sienten satisfechos. En el fondo, a los tres –TC, PP y PSOE– se les nota sin disimulo que se han quitado un problema de encima. O así lo creen.

Vayamos por partes. Del TC se ha dicho ya casi todo. Han degradado la legitimidad que todo tribunal debe siempre exhibir si quiere ser digno de tal nombre, han dinamitado el prestigio de la entidad y han actuado con criterios más políticos que jurídicos, como si de un Parlamento se tratara, aun no habiendo sido elegidos por la ciudadanía. No han sabido valorar, pendientes como estaban más de ellos mismos que de lo que hacían, que una ley votada directamente por el pueblo –voto sin el cual el Estatut no se hubiera convertido en ley– merece un respeto superior precisamente por su alto valor democrático. Los miembros del TC, muchos de los cuales no deberían serlo por haber caducado su mandato desde hace largo tiempo, han olvidado que las leyes están al servicio de la democracia y no al revés. En las democracias todas las leyes se pueden cambiar, pero la esencia del voto no. El TC ha roto un espejo de cristal fino y delicado. Una vez hecho pedazos, ya no se puede recomponer, porque aun conservando las partes rotas no hay forma de volver a pegarlas y que quede bien. Un espejo roto no sirve, hay que sustituirlo o quedarse sin él. El espejo era el espíritu y la letra del pacto constitucional de 1978, forjado en plena restauración democrática. Un pacto que tuvo como reto fundamental reflejar e incorporar la realidad nacional de Catalunya, Euskadi y Galicia, para lo cual se diseñó un marco constitucional abierto y flexible que, con el paso del tiempo, populares y socialistas, ahora con la flagrante connivencia del TC, han ido convirtiendo en un corsé rígido y cerrado. Un corsé en el cual no caben, y menos cabrán en el futuro, las aspiraciones, anhelos y objetivos nacionales de los catalanes. Tiempo al tiempo.

De los dirigentes del Partido Popular puede decirse que se han salido con la suya, al menos parcialmente. Se les ve contentos, contemplando el espejo roto. Les hubiera gustado hacerlo añicos y exhibirlo como un trofeo de caza mayor. Pero se conforman con que esté roto. Han ganado en un tribunal caducado y desprestigiado aquello que los catalanes les niegan sistemáticamente en las urnas. ¿A qué precio? Pues al de seguir suspendiendo su principal asignatura pendiente: Catalunya.

La actuación del Partido Socialista merece un juicio algo más detenido. Fíjense en la siguiente secuencia: en otoño del 2003 Zapatero suelta su famosa promesa: "¡Pasqual, aprobaré el Estatut que salga del Parlamento de Catalunya!" Pocas semanas después Pasqual Maragall era elegido presidente de la Generalitat. Dos años después, en otoño del 2005, quedó claro que Zapatero no iba a cumplir su promesa. Donde dije digo, digo Diego. En el 2006, se llega a un acuerdo por nuestra parte con el propio Zapatero y se aprueba el Estatut en las Cortes y en Catalunya mediante referéndum. Zapatero hace campaña por el sí. En los tres años siguientes, nos regatea a los catalanes la aplicación del Estatut en vigor. Y esta semana pasada, aplaude la sentencia del TC que mutila partes vitales de la principal norma catalana, que él mismo había votado en las Cortes. En esta secuencia tienen ustedes al Zapatero que ahora todos conocemos: la pura inconsistencia. Muchos, en España y fuera de ella, han calado ya su talante. Y así nos va.

Para acabar de rematar la faena, esta misma semana el ínclito personaje nos ha soltado dos nuevas perlas: nos pide calma a los catalanes, que no nos pongamos nerviosos, y al mismo tiempo nos anuncia que la sentencia supone el final del proceso de descentralización autonómica. Les jeux sont faits; rien ne va plus. Como en el casino. Menuda desfachatez, dándonos lecciones a los catalanes como antaño las daba en Europa a italianos y franceses, antes de convertirse en la pesadilla de media Europa. Incluso Carme Chacón, que desde el PSC nos prometió defender los intereses catalanes en Madrid, se ha sumado a la fiesta, declarándose encantada con la sentencia y dejando a su compañero de partido y actual presidente de la Generalitat, José Montilla, con dos palmos de narices. Mientras el president animaba a la movilización contra la sentencia del TC, su cabeza de lista por Barcelona aplaudía la sentencia sin rubor.

Visto lo visto, Catalunya debe tomar buena nota de lo ocurrido. Cada uno de nosotros debe hacerlo. El pacto constitucional está agotado; ha dado buenos frutos durante tres décadas, pero ya no queda savia para seguir haciendo florecer el árbol. En los centros de poder del Estado, y el TC es uno de ellos, ni se entiende ni se tolera la existencia, y menos la persistencia, de la nación catalana.

Se pretende convertir a Catalunya en una comunidad autónoma más, sin perfil y sin personalidad. Es decir, sin alma propia. A lo sumo, una colonia productiva con pinceladas de folklore local. De ahí que Catalunya deba encontrar un nuevo camino. También a los catalanes nos toca hacer nuestra propia transición, como se hizo en España hace tres décadas. Una transición hacia el derecho a decidir de nuestro pueblo, estando muy atentos a las mayorías sociales que en este sentido se vayan construyendo dentro de Catalunya. En esta transición, los partidos catalanes, sin exclusión que no sea voluntaria, debemos fijar un denominador común y defenderlo sin complejos allá donde estemos presentes: nuestra realidad nacional, nuestra lengua propia, nuestro derecho, nuestra voluntad de mayor autogobierno y nuestro dinero como base de nuestra capacidad de crear riqueza y bienestar. A partir de ahí cada partido catalán puede proponer su hoja de ruta de cara al futuro. Pero sobre la base del entendimiento en lo que es fundamental y puede ser común: nuestra realidad como nación, producto de la voluntad de catalanes de origen y de adopción a lo largo de muchos siglos.

El espejo con España se ha roto. Mejor dicho: nos lo han roto. Pero no rompamos nuestro propio espejo interior porque no tenemos otro, y en él necesitamos seguir mirándonos en el futuro.”


Artur Mas (article publicat a La Vanguardia, 4/07/10)

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada